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COLUMNA POLÍTICA


El Queretón: Entre la Ociosidad Gubernamental y la Ruleta Legal
En honor a la más cruda verdad, mucho se ha pontificado sobre las ilustres preguntas que contiene el Queretón, ese peculiar pasatiempo lúdico distribuido por el municipio de Querétaro con el loable y nada sospechoso pretexto del segundo informe de gobierno del presidente municipal. Si bien, para el paladar de un servidor, este despliegue raya en el exceso absoluto y coquetea descaradamente con la más pura ociosidad, no es menos cierto que la maniobra camina por la siempre delgada y resbaladiza cornisa de la legalidad. Al final del día, será un tribunal —previo berrinche y correspondiente denuncia de hechos— el encargado de determinar si esta genialidad viola o no el sacrosanto artículo 134 constitucional, por aquello de la siempre tentadora promoción personalizada. Pero, para no caer en la histeria colectiva y decir las cosas como son, resulta que, a diferencia del ruidoso chisme de lavadero, de las 100 preguntas que conforman el mentado jueguito, solamente tienen el descaro de mencionar explícitamente el nombre de Felifer. El resto del cuestionario se diluye convenientemente entre efemérides de monografía, lugares comunes y uno que otro chispazo de nuestra inagotable cultura pop, rescatando del olvido a próceres urbanos de la talla del mismísimo Felipe el Patines. Ahora bien, si nos ponemos a escarbar sobre la minucia de cuánto nos costó el chistecito de su producción, quiénes fueron los afortunados en la logística de distribución y, sobre todo, qué bolsillo resultó agraciado con el jugoso contrato… bueno, mis estimados, ese es un cuento de terror fiscal que amerita su propia tragedia.
“En este circo de vanidades con cargo al presupuesto, el político que se disfraza de inventor de juegos no busca entretener a la plebe, sino verle la cara de tablero para mover sus propias fichas; porque en el casino del erario, la casa nunca pierde, nomás cambia de baraja.”


El Nocaut Azul y los Madrazos al Aire.
¿Alguna vez ha presenciado usted una función de box? Supongo que sí; si no por genuina afición, al menos por el postureo, las apuestas o el puro morbo patrio de ver cuándo le acomodan un buen mamporro al Canelo. Seguro se ha chutado esos 40 minutos de moquetes y parafernalia donde el barrio y la alta sociedad convergen en un grotesco sincretismo posmoderno. El punto, mi estimado lector, es que seguramente le ha tocado compadecer a ese pobre diablo que, tras recibir un certero uppercut directo al hocico, se levanta mareado antes de la cuenta de los 10 segundos, soltando madrazos al aire en una coreografía que envidiaría cualquier padrino borracho en plena fiesta de 15 años. Bueno, pues exactamente así de noqueado luce hoy el panismo de Querétaro (con sus escasas y honrosas excepciones) tras el nombramiento de Santiago Nieto por obra y gracia de la 4T. ¡Están totalmente descolocados y tirando golpes ciegos que solo exhiben su conmoción cerebral! Y para muestra de este penoso estado etílico-político, ahí está la última y muy ridícula hazaña del diputado Memo Vega: paralizar la glosa del informe con tal de bloquearle la entrada al susodicho a esa trinchera que los mismos azules bautizaron románticamente como “la casa del pueblo”. ¿Y todo para qué? Al final del día, Nieto iba en calidad de mero ciudadano, sin voz ni voto; incómodo, por supuesto, como buena parte de la fauna que habita nuestro zoológico estatal, pero ciudadano al fin, acudiendo a un evento que, se supone, se rige por el sacrosanto principio de máxima publicidad.
Con este berrinche legislativo, los dueños del balón nos dejan dolorosamente claro una vez más que son marineros de aguas mansas, y que su tan presumido oficio político solo funciona cuando despachan desde la comodidad de la mayoría… o, para no adornarnos, desde la soberbia del poder absoluto.
“En el cuadrilátero de la política queretana, el que tira golpes con los ojos cerrados no lastima al rival; nomás ventila su pánico y hace el ridículo para regocijo de la tribuna guinda”


El madrugón del gallo y el milagro de la resurrección azul.
Dicen los manuales de supervivencia política que un gallo de verdadero abolengo no gasta saliva para acariciarse el ego frente al espejo, sino para despabilar a los que siguen roncando a expensas de la nómina. Y, rompiendo con la aburrida costumbre de los mítines grises, eso fue exactamente el acierto que orquestó Luis Nava ante una nada despreciable friolera de cuatro mil almas que abarrotaron las gradas del palenque en el Ecocentro Expositor. En un ecosistema donde la gran mayoría de los actores padece de un conveniente letargo crónico, Nava demostró tener los tamaños, la audacia y la visión para sacudirle las telarañas al PAN, extendiendo hábilmente la invitación a los ciudadanos huérfanos de partido, a las mujeres chingonas, a los jóvenes y a los adultos mayores. Su mensaje fue de una sensatez que ya resulta exótica en estos tiempos: cuidar a Querétaro exige la proeza ineludible de sumar, escuchar y hacer equipo de verdad. Con un estruendoso “¡kikirikí!” como banda sonora de esta innegable demostración de músculo y liderazgo, Luis Nava dejó claro que está entero, vigente y gozando de esa envidiable bendición de estar fuera del presupuesto que le permite no moverse de su aventajada posición. Hay que reconocerle el mérito pragmático al asunto: mientras otros suspirantes andan aullando en la penumbra mendigando reflectores, este gallo armó su propio amanecer, marcando la agenda con maestría y demostrando que, para ganar, primero hay que tener la decencia de despertarse temprano y ponerse a trabajar.
“En un establo político repleto de equinos cansados que nomás tiran patadas de ahogado, que aparezca un gallo con espolones afilados y la voz intacta es un alivio de la genética electoral que el panismo queretano debería celebrar de rodillas.”


El Motín de la Perrada Azul y el Pacto de Narnia.
Asumiendo desde este preciso momento el estoico veto blando al que indudablemente puedo ser sometido por la enorme molestia que causa atreverse a escribir fuera de las mágicas y convenientes fronteras de Narnia; resulta que cada vez es más evidente, común y cotidiana la irritación de la heroica tropa panista. Y sí, cuando digo tropa me refiero a la perrada, a la banda, al vulgo, a la raza, a la chusma, al populacho, a la bola, la caterva, el hato o el reverendo rebaño. Vamos, para que me entiendan con peras y manzanas los exquisitos comensales que departen a dos carrillos en el privado del exclusivo restaurante Josecho: me refiero a esos güeyes que cada tres años se parten el lomo pegando calcomanías a pleno rayo del sol, hacen su desmadre en los cruceros armados con tambores y vuvuzelas, y que por supuesto, jamás en su perra vida han comido langosta a la Thermidor.
Toda esta santa indignación de barandilla surge por la posible y muy cantada designación de un candidato que simple y sencillamente no debería ser, y sobre todo, porque el susodicho abanderado panista terminaría siendo ungido por alguien que ni siquiera es panista, dándole en la madre al más panista de los panistas. Y vaya que la chusma tiene toda la maldita lógica a su favor, pues si alguien ha de decidir con quién se los carga la chingada, tiene que ser, por derecho de piso, su propio hijo de la chingada nacido en casa, y no un advenedizo que ni siquiera se ha tomado la burócrata molestia de llenar un formato para hacerse del partido.
Es exactamente por esta monumental molestia, y por la kilométrica trastada que ya se huele a leguas, que varios grupos significativos —particularmente los “pueblitecos”—, solo están sentaditos esperando a que se consume lo que se rumora ocurrirá el jueves 15 de octubre, para que, al día siguiente, el mismísimo viernes 16, le armen una rimbombante comida al candidato de enfrente y le juren, con lágrimas en los ojos, su lealtad absoluta. Semejante berrinche sería sumamente significativo tanto en el tablero político como en las frías matemáticas, pues el voto panista sumado en el municipio más panista de todo el estado, vale y suma triple.
Pero bueno, si usted es de los afortunados que vive de planta en la negación de Narnia, ni se preocupe ni se despeine; cuentan las malas lenguas que el gobernador ya arregló en lo oscurito con la presidenta para que le deje operar su terruño, y si ese pacto de palacio se desmorona, siempre nos quedará el viejo, confiable e infalible “Rayo Apendejador”, esa magia sexenal que garantiza que las elecciones salgan exactamente como el todopoderoso inquilino en turno quiere y manda.
“En el ajedrez de las cúpulas, las dirigencias juran que los peones solo sirven para morir fritos en el asfalto, hasta que descubren, demasiado tarde, que los peones encabronados también saben voltear el tablero a patadas”
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!
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