COLUMNA POLÍTICA

El inconfesable deseo de las buenas conciencias.
Por más que los jerarcas juren y perjuren que el nombramiento de Santiago Nieto no les movió ni un ápice la agenda —una negación nacida de la pura conveniencia política o de esa enfermiza convicción del que cierra los ojos para evitar el choque—, lo cierto es que la inminente presencia de este personaje en la boleta los tiene sudando frío. Su perfil resulta tan sospechosamente afín al paladar del votante blanquiazul, que obliga al PAN a escarbar con urgencia entre sus aspirantes para exhumar al perfil más panista de los panistas. De no encontrar a ese paladín de la pureza, se llevarán una sorpresa mayúscula, de esas que provocan agruras crónicas. Y es que, entre sorbo y sorbo de café capuchino, en las mesas de señoras copetonas y en los comederos de más alto postín, ya corre un secreto inconfesable: se persignan asegurando que en su vida entera han cruzado el logo de MORENA, pero que, si el diablo las tienta, con mucho gusto le darían el sí a Nieto. Esto ocurrirá inexorablemente si el PAN no pone en el aparador a alguien que destile los sacrosantos valores de la queretaneidad y emane esa madurez de quien cumple lo que dice que tanta confianza genera, para garantizarles que Querétaro seguirá intacto, impoluto y a salvo de la chusma.
Bien dicen que en la política no hay virginidad que aguante un buen susto; al final, la moral partidista es un árbol que da moras, y los principios, como la ropa interior, siempre terminan cayendo cuando el candidato ajeno tiene mejor pedigrí.
El ábaco de los sacrificables y las carambolas de la 4T.
Luego de la celestial unción d Nieto en la coordinación estatal de la 4T, las combinaciones para la capital y los municipios metropolitanos se han vuelto el tema de análisis por excelencia en los ociosos comederos políticos. No cabe duda de que los perfiles que ocupen las coordinaciones municipales en las demarcaciones con mayor concentración de votantes serán determinantes para los fines cuatroteros, y, a decir verdad, no es muy difícil anticipar a los especímenes de este zoológico. En el caso de Corregidora, si bien la derrota ya está debidamente etiquetada en el presupuesto de egresos, no es menos cierto que la estrategia dicta mandar al matadero a un gallo entrón y de desgaste que logre emparejar un poco la golpiza, jugando siempre con la cómoda red de protección de una regiduría garantizada o una silla en el gabinete estatal en caso de un milagro morenista; apunte ahí, sin que le tiemble la mano, a Gilberto Herrera. En la capital el entuerto se torna un poquito más sofisticado, pues por un lado desfila Chema Tapia y su estridente parafernalia —a quien, por cierto, los panistas se han encargado de vacunar mediáticamente hasta el cansancio— y por el otro asoma Arturo Maximiliano García, quien pudiera completar el combo del eufemísticamente llamado “perfil moderado”. Pero si la capital huele a pólvora, El Marqués es una genuina paradoja kafkiana para al que le toque palomear las candidaturas: de imponer al eterno suspirante Jorge Lomelí por pura y llana afinidad, se arriesgaría una plaza con innegable devoción morenista en donde, evidentemente, la gelatina de este perfil nomás no ha cuajado. Y aunque en San Juan del Río la misa parece cantada para Edgar Inzunza, todo el teatrito depende de la siempre volátil generosidad política o la dócil institucionalidad de Héctor Magaña, Iván Reséndiz o Beto Nava, así como del capricho de Astrid Ortega de ir o no por la reelección. Todo este laberinto burocrático obedece a que, para que en la Capital y San Juan vayan varones, la sagrada ley exige que tuvieran que ir mujeres en 3 de los 6 municipios que integran el bloque de competitividad del IEEQ; es decir, incrustar a 3 mujeres en Querétaro, San Juan, Ezequiel Montes, Tequisquiapan, Pedro Escobedo o Cadereyta. Póngalas donde guste el cliente, pero que cuadren el 3 y 3.
“A fin de cuentas, en el gran burdel de nuestra democracia, la equidad de género no es una victoria moral, sino un fastidioso estorbo aritmético para ver a qué candidatas avientan al precipicio con tal de salvarle el hueso al compadre
Astudillo y su brújula imantada…
Lo he confesado en cuanta tribuna comete la imprudencia de abrirme el micrófono: en los poco más de 20 años que llevo de conocer al dirigente del Partido Verde Ecologista de México en el estado, Ricardo Astudillo Suarez, es la primerísima vez que su ajedrez me resulta un enigma inescrutable. Lo noto total y absolutamente desencanchado. Llego a preguntarme qué clase de íncubo malicioso, o de plano qué duende, le ha usurpado la azotea. Porque entre la necedad de repetir el acuerdo de una segunda encuesta —a la que nomás no se le asoma beneficio estadístico alguno, y mucho menos político— y esa imperiosa, casi patológica necesidad de salir en chinga a aclarar que “nomás pasó a saludar” a Santiago en el Chucho el Roto, la escena resulta grotesca. En lugar del calculador juego de croupier al que tenía acostumbrado al respetable, parece un infante asustado tratando de justificar una travesura de primaria. Pero por si el sainete no bastara, estamos a poco menos de un mes de que ungieron a Nieto como Coordinador Estatal de la Defensa de la Transformación, y desde el olimpo del Comité Ejecutivo Nacional del Verde no ha bajado ni una mísera señal de humo a favor de lo dicho por Astudillo. Semejante vacío lo deja colgado de la brocha, en una postura sumamente incómoda para las tempestades que se avecinan. A menos, claro, que traiga escondida una carta mayúscula bajo la manga lista para restregárnosla en la jeta y callarnos el hocico, francamente no se ve por dónde diablos va a enderezar el rumbo que él solito, y con singular alegría, torció.
“Un naufragio autoinfligido que apesta más a paranoia trasnochada que a maquiavelismo de altos vuelos”
El pirómano de oficio y las calenturas sanjuanenses.
Y por si la comedia de enredos no fuera ya lo bastante patética, como cereza de este esquizofrénico pastel de paranoias y certezas que se gestan en torno a la dudosa fidelidad del PVEM dentro de la alianza de la 4T, asoma la testa el diputado panista Memo Vega. Fiel a la tradición del político mexicano que confunde la incontinencia verbal con la agudeza, sale a echarle bidones de gasolina al fuego afirmando que nada lo haría más feliz que ver esa coalición hecha pedazos; constituyéndose, de facto, en el más desastroso y funesto abogado de oficio que Astudillo pudo haberse conseguido en el mercado de pulgas electorales. Por otro lado, cabe hacer una pregunta seria y sin el menor afán de joder: ¿acaso Memo Vega ya fue investido con facultades por la burocracia divina para designar candidaturas, o bajo el amparo de qué alucinación de grandeza se sintió con el tamaño para destapar a Tania Ruiz rumbo al feudo de San Juan del Río?
“No hay peor tragedia para un político acorralado que un acomedido con iniciativa que decide ayudarlo gratis; al final, los destapes anticipados son como los flatos en un elevador: el que los suelta se siente aliviado, pero los demás se quedan respirando la miseria”.
El oasis naranja y los jamelgos escuálidos.
Cambiando de tercio en esta pintoresca comarca, quien avanza galopando en un aburguesado caballo de hacienda rumbo a la reelección en el nada despreciable municipio de Colón es el abanderado naranja Gaspar Trueba. Y es que, entre ese cómodo más del 50% de aprobación que le prodigan las encuestas de La Jornada y la raquítica caballada que exhiben los partidos de oposición —más parecida a un desfile de jamelgos tísicos que a una competencia seria—, el panorama le resulta insultantemente placentero. De modo que, si a su tropa de colaboradores le entra un milagroso arrebato de cordura y entienden de una buena vez que el proyecto colectivo debe colocarse por encima de sus mezquinas ambiciones personales, la coordinación estatal de Movimiento Ciudadano podrá dormir a pierna suelta, desentenderse de la zona y concentrar sus neuronas en el resto del estado para intentar la hazaña de poner a “Querétaro Al Mando”.
En la política de provincia no hace falta ser un estadista esclarecido para arrasar en las urnas; basta con ser el único bien alimentado en una comarca de ciegos desnutridos.
“Al buey que más jala le arriman la carreta, pero en el establo político, si la masa comulgó con el santo, a los acólitos solo les queda aplaudir o resignarse a tragar zacate.”
El galardón al rostro de hormigón armado.
Por cierto, si en esta pintoresca demarcación se instituyera un certamen anual para premiar al más redomada cara dura del estado, el indiscutible galardón se lo llevaría a casa el ya no tan joven Alejandro Cristobal. Este muchacho, vástago del impresentable Alejandro Ochoa Valencia, ha tenido la monumental audacia —por no diagnosticarle directamente una desfachatez psiquiátrica— de pretender armar una campaña de contraste en contra de Gaspar Trueba. El heredero se atreve, con el dedo índice flamígero y fingida indignación cívica, a acusar a su adversario de pillo, padeciendo una amnesia selectiva que le impide recordar un pequeñísimo e insignificante detalle familiar: su amantísimo papaíto ha tocado el piano en el Ministerio Público por lo menos dos veces, todo gracias a su muy particular y lucrativa noción de lo que significa el servicio público de cuando fungió como presidente municipal de Colón. Tan prodigiosa fue su obra administrativa, que hoy el patriarca despacha sus asuntos, con envidiable vista a los barrotes, desde su austera suite en el CERESO de San Juan del Río.
En la inagotable comedia de enredos de nuestra política local, la congruencia es un artículo de lujo que la genética se niega rotundamente a financiar.
“El cinismo es la única herencia política que no paga impuestos; qué enternecedor resulta ver al hijo del caníbal persignándose espantado porque el vecino come carne en cuaresma.”
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!
X: Ale_Olvera777
Facebook: Ale Olvera
Email: aleolvera@lacrudaverdad.com.mx




